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La Caldera del Deseo

Tema en 'Relatos eróticos y experiencias' iniciado por lamedor, 6 Ene 2017.

  1. lamedor

    lamedor Fetichista

    Registrado:
    3 Sep 2013
    Mensajes:
    5
    Género:
    Masculino
    Una luz colorida y relampagueante iluminaba el salón por momentos. Yo la observaba desde el sofá, ya que fluía desde esa caja plana que nos muestra un reflejo de nuestro mundo cuando apretamos el botón del mando. El mando, ese rectangular objeto lleno de botones estaba en mi mano derecha, que reposaba en el cojín del sofá, cuya extensión podía compararse a la de una estepa desierta, no sólo por el color "arenado" del chesslong, sino por la soledad que constaté desde mi posición.

    Mientras estaba en silencio escuché el sonido de un interruptor. Sin mover ni un músculo afiné mi sentido del oído con tal ajuste, que si me concentraba sería capaz de oír una mota de polvo cayendo al suelo. Sin embargo no escuché nada más. Apenas 12 segundos después sentí que alguien se acercaba. Lo noté al detectar levemente unos pasos que se orientaban hacia mi posición. Eran unos pasos discretos, sin apenas decibelios, prácticamente descalzos. Cuando llegó hasta mí sonrió sin decir nada y al verla enmudeció hasta mi corazón (Nota al lector: No temas, continué con vida a pesar no oír mis latidos. Sigamos)

    La desierta estepa floreció con su presencia. Ocupó dicho espacio desde el extremo opuesto al mio, en el que puso la almohada que trajo desde la habitación. Se acurrucó con la vista puesta en la "caja plana", flexionó sus piernas y metió sus pies por detrás de la zona lumbar de mi espalda. Después de su sonrisa yo aun la miraba fascinado. Su largo pelo castaño caía en cascada justo por detrás de su pequeña oreja. Incluso algún que otro mechón se aventuraba a hacer "puenting" por su mejilla rozando con la punta cerca de sus labios. Estaba abrigada con una manta, pero antes de acostarse en el sofá no hubo ningún detalle que escapara a mi sentido de la vista, que en segundo plano a mi sorpresa al verla llegar, grabó para mi disfrute una imagen llena de feminidad. Mi camiseta azul para estar en casa cubría su anatomía desde la cintura hacia arriba. Hacia abajo sólo una tímida pero sensual braguita de color blanco guardaba su intimidad. Fueron sólo unos segundos de esa visión, pero la vi con tal detalle que ni el 4K me daría una imagen de tanta resolución como la captada a tan poca distancia.

    Pensar en su braguita despertó ese instinto animal que activa el deseo. Fue como apretar esa tecla, que a la vista de una mujer pone "Atención, no tocar". Pero si esta tecla existiera a ojos de una mujer ¿que haría? Ya lo sabemos...¿verdad?

    Permanecí sentado, pero en esta ocasión mirando la tele. No se que estaban emitiendo, porque ninguno de mis sentidos le prestaba atención. Volví la mirada hacia mi derecha y ahí estaba ella, tumbada, tranquila, relajada, tierna, femenina....preciosa!. Comencé a notar cierto calor, me sentí inquieto, mis manos tenían la agilidad de un chiquillo, mi mente la maldad de un adulto seguro de si mismo y mis hormonas comenzaban a hervir como la lava de un volcán, pero a pesar de todo esto, si ella me mirara en ese momento no se percataría de nada, porque todo esto estaba bajo mi absoluto control.

    Me levanté del sofá y fui a la cocina a beber un vaso de agua. Al volver, antes de sentarme me acerqué a ella, aparté el mechón de pelo que estaba en su mejilla con una caricia digna de la brisa del mar y acto seguido le di un tierno beso...en la mejilla. Una sonrisa amaneció en su boca y agarrándome del cuello me atrajo hasta su boca y nos besamos. Nuestros labios endulzaron cada beso. El roce de un labio sobre el otro apretando y chupando con movimientos elásticos avivó poco a poco la llama del deseo. La lengua no sólo buscaba, sino que además dominaba al otro con pequeños latigazos de placer, al que inmediatamente respondía con algún mordisco deseoso de comer. Pequeños movimientos con la punta de la lengua despertaron cierto gemido, mientras los labios se entrelazaban, acariciaban, chupaban y ordenaban más madera para una caldera a rebosar de deseo.

    Con mi mano derecha, deslicé mis dedos hasta su pequeña oreja. Acaricié el lóbulo mientras aun nos besábamos en la boca. Mis dedos fluyeron por su cuello con la misma delicadeza con la que la brisa mece las hojas de los árboles en verano. A continuación los metí en la inmensidad de su pelo y la atraje más hacia mi, al tiempo que ya no podíamos para la tormenta de deseo que se apoderó de nosotros. Rápidamente sus manos llegaron hasta mi cintura y ascendieron en un intento de quitarme la camiseta. Lo evité cogiéndola por las muñecas y apartándolas de mi torso. Ahora fui yo el que imitando su intento acerqué mis manos a su cintura y subí la camiseta hasta dejarla en ropa interior. Me quedé perplejo, no sólo por la hermosura de su cuerpo en ropa interior, sino por la cierta facilidad con la que me lo había permitido, pero claro...yo no tenía ni idea de lo que ocurriría a continuación...
     
    A rana_gustavo, Teodora y swingersbi les gusta esto.

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