Banners para vendedoras DirtyLuci Viciusgirl.com
Abnata Babby Tatto Miss Dirty
  1. Esta página utiliza cookies. Continuar navegando en esta web implica su aprobación para el uso de cookies. Leer más.
Te damos la bienvenida a Mis Fetiches. No dudes en registrarte para poder postear, usar el chat, y acceder a todas las posibilidades que te ofrecemos.
Descartar aviso

Ya conoces nuestra tienda? Artículos exclusivos para los miembros de Mis Fetiches! Y, lo que es más importante, baratitos, baratitos!

Os dejamos el enlace para que veáis las cositas que hay disponibles.

Esperamos que os guste!

Descartar aviso

Estas son las novedades y mejoras tras la última actualización.

Os dejamos el enlace

Domingo pasado por costura y algo más...

Tema en 'Relatos eróticos y experiencias' iniciado por ajml, 29 Dic 2013.

  1. ajml

    ajml Fetichista

    Registrado:
    27 Dic 2013
    Mensajes:
    26
    Género:
    Masculino
    Esto que voy a contar ocurrió un domingo del mes de abril de 1997, tenía yo 10 añitos. Quizás, como habréis visto, sea el primero en este foro que haya tenido una experiencia fetichista con unos zuecos de enfermera... Quizás para muchos no sea excitante ni erótico... pero para mí fue uno de los momentos más aturdidores que presencié de pequeño, teniendo que contenerme e intentar quitar de mi cabeza lo que estaba viendo para evitar que mi madre viese aquel "bultito" entre mi entrepierna...

    Bueno, a los hechos me remito... Estaba siendo una tarde de domingo de costura, mi madre tenía su máquina de coser eléctrica montada en la sala de estar de casa. La tenía colocada sobre una silla, justo delante del sofá, para sentarse y ver la tele mientras cosía. Si hablamos de una máquina de coser eléctrica, hablamos de que tiene un pedal "acelerador", con el cual se acciona la máquina para que cosa, verdad? Hasta aquí nada raro.

    Yo me encontraba en la mesa donde almorzábamos en la sala de estar, estaba de espaldas al sofá y a la máquina de coser. Mi madre siempre ha tenido vocación artística para dibujar, por lo que no hacía mucho tiempo, había comprado un set de "carrés", lápices oscuros y cartulinas rugosas para pintar. Esa tarde de domingo, había cogido sus ceras y cartulinas, y me había puesto a dibujar en la mesa de la sala. Recuerdo que estaba pintando un gato que había visto en uno de los libros de texto del colegio. Y que ese gato, se llamaba "Amadeo"... Gracioso lo que cuento, pero nada fuera de lo normal para un crío de 10 años, no?

    No recuerdo el instante en el que apareció mi madre en la sala de estar. Yo estaba pintando en la mesa y la máquina de coser estaba preparada sobre la silla enfrente del sofá. Supuse que ella había ya estado cosiendo antes, pero que en ese momento, ella estaba en el baño duchándose. Llegó a la sala de estar recién salida de la ducha, con una toalla en el pelo bien ajustada, y a mi parecer, sin poder recordar bien, desnuda sólo con la ropa interior, sujetador y bragas, de color carne. La verdad es que no recuerdo verla con bata, camiseta y shorts u otra cosa. De todas maneras, estábamos solos en casa ambos, y desde pequeño, mi madre siempre quiso y supo explicarme muy bien la sexualidad, habiéndome comprado un libro sobre ello para niños, y habiéndome duchado con ella en la ducha varias veces. Nunca sentí nada raro por verla a ella desnuda en la ducha. Más bien ella se hubiera preocupado si hubiese conocido lo que realmente se la hacía levantar a un niño de 10 años.

    Mi madre tenía en ese entonces 37 años. Una mujer guapa, y que a día de hoy, con 54, lo sigue siendo. La menopausia tiene sus efectos, y el cuerpo que tenía en ese entonces, ya hoy no es el mismo. Hablo de una mujer rubia, de piel clara y con ajos azules, 1.58 de estatura, de complexión normal, ni gorda ni flaca. Sus pies eran la joya de la corona, bien cuidados, de la talla 37-38, pero con unas durezas algo amarillas en la parte delantera de sus plantas, debido al uso continuado de tacones en su trabajo. Esa tarde domingo que cuento, al igual que varias desde hacía algunas semanas, sus pies descansaban, y a lo grande, en unas maduras pero bien conservadas "zapatillas" de trabajo. Y digo "zapatillas", porque a muchas y a algunos como yo (o muchos, no lo sé), les gustaba usarlos como zapatillas de andar por casa. Los zuecos anatómicos de enfermera eran lo más en los años 90. Era salir a la calle, y en un mismo día, en los ojos de cielo de un niño de 10 años, ver reflejados varios pies de mujeres en zuecos por la calle.

    De pronto escuché la máquina de coser en funcionamiento, a intervalos, aceleraba y paraba, aceleraba y volvía a parar... porque coser no es como pisar el acelerador de un coche todo el rato para que se mueva. Escuchaba como el pedal de plástico duro se sometía al pie derecho de mi madre... quien no lo hubiera gustado sentirse "presionado" bajo un "feo" y "bizarro" zueco de enfermera? Yo no estaba viendo lo que estaba sucediendo a mis espaldas mientras yo dibujaba sobre la mesa... Tuve que contenerme al darme la vuelta y decirle que estaba pintando al gato "Amadeo" cuando vi lo que estaba haciendo su pie derecho "enzuecado" sobre el "acelerador" de la máquina de coser. Aquello era un espectáculo impagable, viéndolo desde la mesa, sin ni siquiera estar al lado de ella viendo su pie desde cerca. Que nerviosismo, excitación contenida y envidia a la vez, de no ser yo quien pisara con ese zueco, o de que estuviera debajo del mismo siendo "castigado"... Me provocaba mucho ver el empeine del zueco lleno de agujeritos y ensanchado y abultado por el pie de mi madre calzado en él. Más morbo me hubiera dado tocarlos, sentirlos calentitos con el pie de mi madre dentro... o por qué no?, haber puesto mis nariz sobre el empeine e inhalar como un poseso para sacar la maceración venenosa creada por los pies de madre en el cuero oloroso de los zuecos a través de esos muchos agujeritos de "suspiro" que tienen los zuecos.

    Esos zuecos jamás quedarán en el olvido para mí... Sus plantillas de cuero adueñadas por los pies de mi madre con las huellas de sus deditos, su maravilloso olor por dentro, a cuero macerado por el sudor seco, que los pies de mi madre mearon y cagaron, dejando "plastitas" de mierda sudorípara sobre las plantillas, a su "made in Italy" grabado en la suelas, como si de unos zapatos caros y de diva se tratasen, de su Cruz de Malta entamponada en el talón de las plantillas, rezando la leyanda de "anatómico", junto con el número de talla de los mismo, 37, que precisamente, era la edad que tenía mi madre en 1997, teniendo yo 10 años por haber nacido en el 87... Cosas del destino, verdad?

    Os seguiré contando más, y espero, que muchas de las que nunca han usado zuecos como éstos, se animen a usarlos, os lo digo, no os vais a arrepentir... y a muchos como yo, os recomiendo usarlos también, seguro que os asombrareis cuando os miréis la entrepierna con ellos puestos... jejeje.
     
  2. Clog

    Clog Fetichista

    Registrado:
    3 Nov 2014
    Mensajes:
    5
    Género:
    Masculino
    Tengo el mismo fetiche que tu y en casa con mi pareja no lo escondo
     
  3. Raul79

    Raul79 Fetichista

    Registrado:
    17 Jul 2016
    Mensajes:
    1
    Género:
    Masculino
    A mi tambien me encanta este tipo de calzado, pero he de decir que la primera vez que vi un par, no me gustaron nada, y me explico:
    Tendria alrededor de ocho años, que es esa edad en la que empiezas a volverte un poco contestón. Si a esto se le añade el toque desobediente... es la mezcla perfecta para que te lleves un par de azotes, de aquellos sin mucha malicia, con la mano, o, en el peor de los casos, unos buenos zapatillazos que esquivabas con una buena carrera y que picaban, pero a la vez te sacaban esas lagrimas para que tu madre viese que estabas arrepentido.
    Pues bien, esa tarde, estando en la calle y rodeado de varios amigos, la desobediencia y la contestación se me fueron de las manos, pero al estar en la calle, me crecí, a lo que mi madre respondió la mítica frase "cuando llegues a casa verás". Y ahí quedó la cosa hasta la hora de ir a casa. Ya en el ascensor, mi madre me avisó que estaba castigado, por supuesto, y que según llegasemos a casa, me fuese a la habitación. Ni que decir tiene que fue uno de los viajes más largos en ascensor de mi vida.
    Ese largo viaje acabó con otro que me llevó desde el ascensor hasta mi habitación con su paso por el rellano y la espera a abrir la puerta agarrado de la oreja y así para acabar cara a la pared en mi cuarto.
    "NI TE MENEES DE AQUÍ". Y un par de sonoros azotes me dejaron allí parado. La había hecho buena.
    Después de un buen rato, volvió mi madre, y de nuevo me agarró la oreja y me llevó al borde de la cama, donde se sentó y me tumbó boca abajo sobre sus rodillos. Aquello era nuevo para mí. Era la primera vez que me veía en aquella situación. Estaba indefenso. Y CON EL CULO AL AIRE. En ese momento me di cuenta de tres cosas:
    No tenía escapatoria, me iba a doler, y, que en aquella posición me fijé que mi madre estrenaba calzado. No eran las típicas zapatillas de siempre, con la suela finita de corcho. Allí estaba aquel zueco azul nuevito, con sus miles de agujeritos y su suela de goma calzando su pie. Pero, ¿y la otra "zapatilla"?.
    Al instante me di cuenta donde estaba. Me estaba golpeando el trasero y calentándolo a base de bien.
    Cuando el zueco realizó su trabajo de colorear mis nalgas, cayó a plomo al suelo delante mío con un ruido característico que oí por primera vez, pero no por última, y de ahí en adelante fue el método de castigo preferido por mi madre. Ni que decir tiene que era muy eficaz.
    Fue la primera vez que vi unos zuecos como los de tu madre, pero que no me hicieron mucha gracia.
    Ahora también son mi fetiche, y me excito un montón usándolos para andar por casa. Además, mi pareja también los usa, y me vuelven loco, hasta tal punto que alguna vez he deseado que ella los use como lo hacía mi madre... pero de momento no ha habido suerte, jejeje...
     
    A escorpion travieso y ajml les gusta esto.

Compartir esta página